El tío Marco empotra a Rob en el vestuario vacío
El sudor le corría por el pecho a Rob mientras se cambiaba después del entrenamiento, sin sospechar que su atractivo tío Marco lo observaba desde la puerta entreabierta del vestuario. Con una sonrisa pícara y la polla ya dura bajo el short deportivo, Marco se acercó sin hacer ruido, cerrando con llave tras de sí para que nadie los interrumpiera. Rob sintió el aliento caliente de su tío en la nuca mientras unas manos callosas le agarraban las caderas con fuerza, tirando de él contra un cuerpo musculoso que olía a jabón viejo y a deseo reprimido. Antes de que pudiera reaccionar, Marco le bajó el short hasta las rodillas, dejando al descubierto un culito prieto y bien apretado que suplicaba ser usado sin piedad. Con un gemido ahogado, Rob sintió cómo la lengua experta de Marco le lamía el culo desde el agujero hasta la base de la espalda, preparándolo sin prisa pero sin pausa, mientras sus dedos jugaban con sus pelotas, haciéndolo temblar de anticipación. Cuando por fin la gruesa verga de Marco se hundió en su interior con un primer empujón profundo, Rob gritó como una puta en celo, clavando las uñas en los azulejos fríos del vestuario mientras el tío lo empotraba contra la pared con embestidas brutales que le sacudían las entrañas. La mamada que siguió fue aún más salvaje: Marco le metió la polla hasta la garganta una y otra vez, ahogándolo con cada envite hasta que los ojos se le llenaron de lágrimas mientras tragaba chorros espesos de leche caliente. El culo le ardía con cada embestida, los muslos le temblaban y el semen le resbalaba por las piernas, pero Marco no pensaba parar, follándolo más duro aún hasta que ambos se corrieron juntos en un charco de sudor y leche pegajosa, dejando el vestuario convertido en un escenario de sexo sucio y prohibido que nunca olvidarían.