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Esta zorra no se sacia de chupar pollas bien duras

10:13 720P 6 Mamadas
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Estúdio Blackpussy116
Atores PatoMorez

Desde que la conoció en aquel antro de mala muerte donde el licor corre más que la saliva, no puede sacarse de la cabeza su boca pequeña y esos labios rojos que parecen hechos para envolverle la verga hasta el fondo. La primera vez que la tuvo entre sus piernas, ella se arrodilló sin que nadie le pidiera nada, con las tetas pequeñas pero firmes temblando bajo el top ajustado que apenas le tapaba los pezones duros. Le agarró la polla con ambas manos, la acarició con saliva hasta que quedó resbaladiza como si la hubiera untado con aceite, y se la metió en la boca sin titubear, ahogándose un poco con la gruesa cabeza que le llegaba hasta la garganta. Los gemidos ahogados entre sus piernas se volvieron música para sus oídos mientras ella movía la cabeza de arriba abajo, con la lengua plana lamiendo el tronco como si fuera un helado derretido, chupando con una fuerza que le hacía temblar los huevos. Él le sujetó la nuca para que no se fuera, sintiendo cómo se le clavaban las uñas en los muslos mientras ella aceleraba el ritmo, tragándose cada centímetro hasta que el glande le rozaba la campanilla. La pija estaba tan mojada que el jugo le resbalaba por los muslos, dejando marcas húmedas en el sofá donde se había arrodillado, y cada vez que él le empujaba la cabeza hacia abajo, ella respondía con un gemido gutural que le ponía la piel de gallina. Cuando ya no pudo más, la levantó bruscamente, le arrancó el short y la camisa de un tirón, dejando al descubierto su conejito depilado que brillaba bajo la luz del atardecer. La tiró boca arriba sobre la cama deshecha, le abrió las piernas de par en par y se la empotró sin piedad, sintiendo cómo su coño estrecho se ajustaba a su verga como un guante mojado, apretando y soltando con cada embestida que le arrancaba gritos de placer. Ella se corrió tres veces seguidas, con las tetas rebotando como dos pelotas pequeñas y los muslos temblando alrededor de su cintura, mientras él le escupía en la boca abierta para que siguiera chupando aunque ya no tuviera aire. La corrida le llenó la garganta hasta que ella tragó con avidez, limpiando hasta la última gota con la lengua antes de dejarle la polla reluciente y exhausta, pero con la sonrisa más sucia que jamás le había visto.

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