Madrastra pervertida me ayuda a coger duro a la vecina nueva
La madrastra siempre me miraba con esa sonrisa pícara cuando me veía masturbándome en la cama, pero esta vez fue diferente: me agarró la polla y me dijo que la vecina nueva tenía un culo perfecto para que se lo partiera. La vecina, una morena de tetas grandes y un culo redondo, entró en casa con su tanga ajustado y una sonrisa inocente, sin saber lo que le esperaba. La madrastra le dijo que necesitaba ayuda con algo y la llevó al cuarto, donde yo ya estaba con la polla dura y lista para embestir. La vecina se dejó caer de rodillas y empezó a chuparme la verga con esa boca caliente, gimiendo mientras la madrastra le bajaba el tanga y le metía los dedos en el coño mojado. La madrastra me empujó hacia ella y me dijo que le rompiera el culo mientras ella le lamía el clítoris, y yo no pude resistirme: la agarré de las caderas y le metí la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su culo apretado me apretaba con fuerza. La vecina gritaba de placer mientras la madrastra le mordía los pezones y le metía los dedos en la boca, y yo no paraba de embestirla con fuerza, sintiendo cómo su culo se contraía alrededor de mi verga. La madrastra se subió encima de mí y empezó a montarme mientras la vecina se ponía de rodillas y me chupaba los huevos, y yo no aguanté más: me corrí con un gemido fuerte, llenando el culo de la vecina con mi leche caliente. La madrastra se bajó y se arrodilló para lamerme la polla limpia, mientras la vecina se tocaba el coño mojado y gemía de satisfacción. Fue una noche de placer intenso, con gemidos, sudor y cuerpos entrelazados, y ahora cada vez que veo a la vecina nueva, solo pienso en volver a cogerla duro.