Mexicana culona recibe verga como nadie folla
Apenas la cámara entró en el cuarto, la morra se dejó caer de espaldas sobre la cama con las piernas bien abiertas y ese culo prieto que tanto me volvía loco. Se pasó la lengua por los labios carnosos mientras me miraba con esos ojos negros llenos de lujuria, sabiendo perfectamente lo que quería. Me acerqué sin perder un segundo, le arranqué el tanga rojo de un tirón y le clavé la verga entre sus pliegues mojados hasta el fondo. La mexicana gritó de placer al sentirme empalar su coño estrecho, apretando mis caderas con sus uñas pintadas de negro. Cada embestida le sacudía el culo como gelatina, haciendo que sus tetas grandes botaran al compás de mis golpes brutales. Le agarré la melena lisa y le metí la polla hasta la garganta, ahogándola con mi grosor mientras ella gemía con la voz ronca por el placer. Sentía su carne ardiente abrazándome, chorreando jugos que resbalaban por mis bolas mientras la follaba sin piedad. En un segundo se vino como una loca, empapándome toda la verga con su corrida espesa que me cubrió hasta las pelotas. No paré ni un segundo, al contrario, la embestí aún más fuerte, sintiendo cómo su coño se contraía a mi alrededor como si no hubiera mañana. Al final, cuando ya no podía más, le solté un chorro de leche bien caliente dentro, sintiendo cómo su útero se llenaba hasta el tope mientras ella gritaba mi nombre entre jadeos. Quedó tirada en la cama, con las piernas temblorosas y el coño bien usado, mientras yo me limpiaba el sudor de la frente y me reía al ver lo satisfecha que estaba.