Mujer gruesa se hace rogar para que la empotre
Esa noche en el estudio, la curvilínea morena llevaba puesto un corsé negro que le apretaba la cintura haciendo que sus tetas gigantes se le desbordaran por los lados, mientras se pintaba los labios rojos mirándose al espejo con una sonrisa pícara. Él no pudo resistirse al ver cómo se le movían las caderas al caminar y le agarró el culo redondo con las dos manos, apretando hasta dejarle los dedos marcados en la carne temblorosa. Ella soltó un gemido largo y gutural cuando le bajó las medias de red, dejando al descubierto unas piernas gruesas y sudorosas que él lamió desde los tobillos hasta el muslo interior, sintiendo cómo el vello rizado le hacía cosquillas en la lengua. Con un empujón la tiró sobre el sofá de cuero, le arrancó las bragas blancas empapadas y le abrió bien las piernas para lamerle el coño hinchado y caliente, disfrutando del sabor salado de su excitación mientras ella se retorcía bajo sus embestidas. La muy puta no aguantó más y le suplicó que la empotrara duro, así que él la levantó por las caderas y la clavó contra la pared, sintiendo cómo su culo enorme rebotaba con cada embestida mientras le azotaba las nalgas hasta ponerlas rojas. Ella gritaba como loca, con los pechos rebotando sin control y los labios pintados de rojo entreabiertos emitiendo sonidos obscenos, mientras él le metía los dedos en la boca para que se los chupara mientras le ordeñaba la polla gruesa con los muslos. Cuando sintió que se le acercaba el orgasmo, él la giró y la dejó caer de rodillas sobre la alfombra, le agarró la cabeza con fuerza y le metió la polla hasta la garganta, ahogándola con cada embestida mientras le escupía en la cara sudorosa. Ella se corrió con un espasmo violento, apretando las piernas contra sus caderas y dejando manchas de leche en el suelo, mientras él le llenaba la boca con su corrida espesa hasta que no pudo tragar más y se le escapó por la comisura de los labios. Cuando se desplomó sobre el sofá, exhausta y con el culo rojo y brillante por los azotes, él le dio un último lametón en los pezones duros antes de dejarla ahí, temblando, con la respiración entrecortada y el coño goteando por todo el mueble.