Pornstar pelirroja evalúa mi habilidad para follar
La morena de tetas naturales y coño rosado se recuesta en la cama con las piernas bien abiertas, invitándome a probar qué tan bueno soy chupándole el clítoris mientras me mira con esos ojos que prometen una corrida épica. Sus gemidos agudos llenan la habitación cuando meto dos dedos dentro de su raja, sintiendo lo empapada que está antes de que mi lengua ataque su botón hinchado como si fuera lo último que me fuera a comer en la vida. Con un gruñido, me subo encima de ella y le clavo la polla hasta el fondo, empotrando fuerte mientras sus tetas rebotan al ritmo de cada embestida, sus pezones duros como piedras rozando mi pecho sudado. La morena se agarra a mis caderas, obligándome a ir más profundo, y sus gritos se vuelven más fuertes cuando cambio el ángulo para rozar ese punto que la vuelve loca, ese lugar donde su coño se aprieta como un puño alrededor de mi verga cada vez que se corre. Sin avisar, me saco y le descargo un chorro grueso de leche hirviendo sobre sus tetas firmes, sintiendo cómo los hilos de semen resbalan por su estómago mientras ella se lame los labios, satisfecha, con una sonrisa de puta que sabe que no hay nada como una buena follada sin condón. Luego me deja lamerle el coño otra vez, esta vez más lento, saboreando cada gota de jugo que sigue brotando de su rajita después del polvo, mientras sus muslos tiemblan y sus uñas se clavan en mi espalda como si quisiera arrancarme la piel de lo bien que la he dejado. La muy zorra hasta me pide que le meta los dedos de nuevo, susurrando que quiere sentir cómo se vuelve a mojar mientras me mira con cara de viciosa, como si supiera que no hay nada que le guste más que que la usen como una puta cualquiera. Y yo, como un cabrón que no puede resistirse, le hago caso, hundiendo mis dedos en su coño empalagoso mientras ella se corre otra vez, esta vez con un chorro que le escurre por las nalgas y mancha las sábanas. Me quedo un rato más sobre su cuerpo, sintiendo cómo su respiración se calma poco a poco, pero sus ojos siguen brillando con esa maldita lujuria que me dice que esto no será la última vez que me deje evaluar sus habilidades para follar.