Puta inocente arruinada con polla sin condón brutal
Emma no sabía ni cómo se llamaba ese cabrón cuando le agarró el pelo y le escupió en la polla llena de venas antes de clavársela hasta la garganta. La chica, con los ojos vidriosos y la babaza resbalando por su barbilla, solo atinó a gemir cuando él le obligó a chupar hasta ahogarse, con los dedos hundiéndose en su nuca mientras le escupía obscenidades al oído. 'Agáchate, putita, que te voy a empotrar como a una perra en celo', le rugió mientras le bajaba el tanga mojado y le lamía el coño empapado hasta dejarla temblando. Cuando por fin se la clavó de un tirón, ella gritó con la boca llena de carne palpitante, sintiendo cada vena reventarle dentro mientras él le azotaba el culo hasta dejarle marcas rojas. Emma intentó resistirse, pero cada embestida le arrancaba un quejido nuevo, con el coño chorreando leche de tanto follar sin parar, los labios vaginales hinchados y resbalosos alrededor de su verga gruesa que no paraba de clavarsele hasta el fondo. Él le escupió en la boca entre gritos, le lamió el sudor de la frente y le ordenó que se tragara toda la babaza antes de darle la vuelta y empotrarla contra la pared, con las tetas aplastadas contra el frío yeso mientras le metía los dedos hasta el nudillo para estirarle el coño bien abierto. Cuando por fin se corrió, fue con un rugido animal, llenándole la cara de chorros espesos que le resbalaron por las mejillas, la nariz y hasta los labios entreabiertos, con Emma gimiendo desesperada mientras intentaba lamer hasta la última gota de su leche caliente que le caía por el cuello. La dejaron tirada en el suelo, el coño goteando, la boca llena de restos de babaza y semen, con la polla aún dura palpitando entre sus muslos temblorosos y los ojos brillantes de una puta que ya no tenía remedio.