Rebeka Akesson grita mientras Markus Dupree le parte el culo en crudo
La habitación olía a sudor y lujuria, las cortinas medio cerradas dejaban entrar solo un rayo de luz que iluminaba el cuerpo sudoroso de Rebeka, su culo redondo y perfecto esperando mi polla. Llevábamos días mirándonos con esa tensión insoportable, roces casuales que terminaban en suspiros ahogados, hasta que por fin la tomé de las caderas y la puse a cuatro patas, su agujero apretado brillando de excitación. Metí los dedos primero, sintiendo cómo su culo se abría con cada empujón, sus gemidos se volvían más agudos cuando le di una nalgada que resonó en toda la habitación. Mi verga gruesa entró de golpe, estirando su agujero hasta que casi gritó, pero no se detuvo, solo apretó más las sábanas mientras yo la embestía sin piedad. Sus tetas naturales rebotaban con cada movimiento, su coño goteando de lo mojada que estaba, y cuando le di la vuelta para ver su cara, sus ojos vidriosos me suplicaban que no parara. La penetré más duro, sintiendo cómo su culo se ajustaba a mi polla como un guante, sus gritos se mezclaban con el sonido de carne contra carne. Sabía que no aguantaría mucho más, así que la levanté y la empalé contra la pared, sus piernas temblando mientras la follaba hasta que mi leche caliente le llenó el culo por completo, su cuerpo convulsionando con el orgasmo más intenso que había tenido. El semen goteaba de su agujero cuando la dejé caer en la cama, su respiración agitada y su culo aún palpitando alrededor de mi verga, que seguía dura dentro de ella, lista para otra ronda. Pero justo cuando iba a empezar de nuevo, su cuerpo se relajó y sus ojos se cerraron, sabiendo que esta vez no habría descanso, solo más placer hasta que no pudiera soportarlo más.