Chico depilado se masturba con las dos manos
El culito prieto del chico no para de moverse mientras se agarra la polla bien dura con las dos manos, frotando el glande rosado contra su propio muslo para sentir el roce al rojo vivo. Tiene los huevos bien apretados, hinchados de tanto deseo, y cada vez que aprieta con los dedos alrededor del tronco siente cómo se le escapa un gemido ronco que le recorre la garganta. Se le ha caído el pantalón a los tobillos sin que se diera cuenta, dejando al aire esa piel suave que brilla bajo la luz del atardecer que entra por la ventana. Con la otra mano se agarra los huevos con fuerza, estirándolos un poco para que el dolor placentero le recorra toda la entrepierna y le haga soltar un jadeo más fuerte. La punta de la polla ya está completamente mojada con su propio líquido preseminal, resbaladiza y brillante, y no puede evitar pasarse el dedo por el prepucio para esparcirlo mejor antes de volver a masturbarse con movimientos lentos y profundos. Cada vez que llega al glande siente un escalofrío que le recorre la espalda, y no tarda en aumentar el ritmo, golpeando la base de la polla contra su vientre mientras se corre sin piedad. Los chorros de leche espesa salen disparados en todas direcciones, manchando su abdomen plano y dejándole la piel pegajosa, pero ni siquiera le importa porque sigue masturbándose hasta dejarla completamente flácida. El sonido de sus gemidos se mezcla con el chapoteo de la polla contra su barriga, y cuando por fin se queda quieto, con la respiración entrecortada y los dedos temblorosos, se da cuenta de que el sofá está lleno de gotas blancas que brillan bajo la poca luz que queda.