Liz le hace un meneo bien jugoso a Xavier
Liz no podía quitarle los ojos de encima a Xavier mientras él se quitaba la camisa mostrando esos abdominales marcados que tanto le volaban la cabeza. Con un gemido ahogado, se acercó y le agarró la verga dura como un fierro sin pensarlo dos veces, sintiendo cómo el calor del miembro le quemaba la palma de la mano. Xavier gruñó al sentir el primer tirón de su polla gruesa entre los dedos ágiles de ella, que no paraba de mover la mano arriba y abajo con movimientos lentos y calculados. Liz le lamió los labios antes de bajar la cabeza y meterse la punta en la boca, chupando con avidez mientras sus tetas se aplastaban contra el muslo de él. Xavier le agarró el pelo con fuerza y empezó a embestirle la boca sin piedad, sintiendo cómo el coño de ella se mojaba al verlo usar su garganta con esa brutalidad que solo Liz podía aguantar. Ella se retorció de placer cuando él le soltó un azote en el culo con la mano libre, dejando marca roja que le ardía pero la excitaba más. Con un jadeo, Liz se soltó y se quitó la tanga de un tirón, mostrando el coño depilado y brillante de jugos listo para recibir esa verga que tanto deseaba. Xavier no perdió tiempo y la alzó contra la pared, metiéndosela de un solo empujón que la hizo gritar de placer al sentirlo llenarla por completo. Liz se aferró a sus hombros mientras él la empotraba contra el muro, sus tetas botando con cada embestida profunda que le arrancaba gemidos guturales. El sonido húmedo de sus cuerpos chocando resonaba en la habitación mientras Xavier aceleraba el ritmo, hasta que Liz no pudo más y se corrió gritando su nombre, con los jugos resbalando por sus muslos. Él no se contuvo y, con un gruñido animal, se descargó dentro de ella, sintiendo cómo su leche le inundaba el coño caliente que temblaba de placer sin control.