MILF cachonda follando en el supermercado
Ella llegó al supermercado con ese vestido ajustado que le marcaba cada curva y con esos tetazos apretados contra la tela, pero lo que nadie esperaba era que metiera la mano por debajo del delantal para acariciarse el coño empapado mientras fingía comparar precios. El gerente, un tipo grandote con una polla enorme que le marcaba el pantalón, la vio desde el pasillo de lácteos y no pudo resistirse: se acercó sin que nadie lo notara y le susurró al oído que si quería follársela bien fuerte, solo tenía que seguirlo hasta el almacén. Ella no necesitó más invitación, se le escapó un gemido ahogado cuando él la empujó contra los estantes de latas y le bajó el vestido hasta la cintura para morderle los pezones duros mientras le metía dos dedos en el coño palpitante. El tipo no tardó en sacar esa verga gorda y roja, rodeó su cintura con un brazo y la empotró contra la pared con embestidas que hacían temblar los envases de atún, mientras con la otra mano le agarraba el culo redondo y apretado para clavársela hasta el fondo. Ella gritaba de placer, con las tetas rebotando cada vez que él la embestía sin piedad, mojando cada vez más el suelo con los jugos que le resbalaban por los muslos mientras él le gruñía que era una puta viciosa que necesitaba que la llenaran bien. Cuando él sintió que el coño le apretaba la verga como un guante, se corrió dentro con un rugido, llenándola de leche espesa que le goteaba por las piernas mientras ella se dejaba caer contra los estantes sin fuerzas, con la respiración entrecortada y el coño todavía temblando de tanto placer. La escena terminó con ella limpiándose los restos de corrida entre las piernas con el delantal manchado y él guardándose la polla aún medio dura, pero jurando que la próxima vez la follaría sobre el mostrador de la caja registradora para que todos vieran cómo ese coño de MILF se tragaba cada centímetro de su verga sin importarle quién estuviera mirando.