Chico efebo es follado duro por su padrastro anal
El efebo llevaba meses coqueteando con miraditas furtivas cada vez que su padrastro pasaba con el torso desnudo por el pasillo... su cuerpo delgado, casi esquelético, pero con curvas que hacían babear a cualquiera. El hombre, de piel pálida y tatuajes oscuros que le cubrían los brazos y el pecho, se acercó con esa mirada depredadora que ya no podía disimular. Le agarró del pelo teñido de negro azabache y lo jaló hacia su boca, obligándolo a chupar esa polla gruesa y venosa que ya goteaba preesperma. El chico gimió con los labios alrededor del tronco, sintiendo cómo le resbalaba por la lengua el líquido salado que le quemaba la garganta. Entre tanto, el padrastro le azotó el culo prieto con la mano abierta, dejando marcas rojas en esa piel blanca como la leche que temblaba de excitación. Sin aviso, lo volteó sobre la cama llena de sábanas revueltas, le arrancó el tanga de encaje negro que apenas cubría su coño depilado y le escupió en el ano, preparándolo para lo que venía. Con un empujón brutal, enterró su verga hasta las bolas en ese agujero estrecho que ardía de calor, haciendo que el efebo aullara de placer mezclado con dolor mientras sus uñas se clavaban en el colchón. Cada embestida era más violenta que la anterior, el sonido de carne contra carne llenaba la habitación junto a los gemidos ahogados y las gotas de sudor que caían del pecho sudoroso del hombre sobre la espalda temblorosa del chico. Cuando sintió que el orgasmo lo atravesaba como un rayo, el padrastro sacó su verga chorreante y le ordenó abrir la boca bien grande... el primer chorro de leche espesa le golpeó la lengua, el segundo le salpicó la cara pálida, y el tercero le resbaló por el cuello hasta mancharle el ombligo. El efebo se quedó ahí, jadeante y con los ojos vidriosos, mientras el líquido blanco le resbalaba por las mejillas y los labios entreabiertos, gimiendo de satisfacción al sentir cómo le llenaba hasta el último rincón de su cuerpo rendido.