Ciberpunk caliente se deja empotrar en la ciudad de neón
La chica de piel morena y piernas interminables se movía entre las luces parpadeantes de la ciudad, su minifalda ajustada apenas cubriendo el culo respingón que tanto le gustaba mostrar. Él, con su mirada penetrante y cuerpo marcado por horas en el gimnasio, la seguía entre las sombras, imaginando cómo sería hundir su polla gorda en ese coño apretado que brillaba bajo los neones. Al fin, en un callejón oscuro, ella se detuvo, giró y le mostró la tanga empapada mientras se mordía el labio, invitándolo a arrancársela con los dientes. Él no perdió el tiempo: la empujó contra la pared fría, le bajó el pantalón de cuero hasta los tobillos y le hundió los dedos en el culo, haciendo que gimiera fuerte mientras su coño palpitaba de excitación. Sin piedad, sacó su verga dura como roca y la enterró de golpe, empalándola contra el cemento mientras los gemidos de ella resonaban entre los rascacielos. Cada embestida era más profunda, más salvaje, hasta que el coño mojado apretó su polla como un tornillo, haciéndole perder el control. Con un gruñido animal, le agarró las tetas y le llenó el culo de leche caliente, mientras ella se sacudía de placer, sudorosa y jadeante bajo los focos de la ciudad que nunca duerme. La corrida fue tan intensa que le temblaban las piernas, pero no dejó de follarla hasta que los dos colapsaron, exhaustos, en el suelo frío del callejón.