La inocente que se convirtió en una puta insaciable en solo tres meses
Todo empezó con miradas inocentes en el pasillo, pero en cuestión de semanas, ella ya no podía resistirse a la polla dura de su compañero de trabajo. Al principio, solo eran roces "accidentales" en el ascensor, pero pronto pasó a chupársela en el baño del office, gimiendo como una perra en celo cada vez que él le metía los dedos en el coño mojado. La primera vez que se la folló contra la pared, ella gritó tan fuerte que tuvieron que taparle la boca con la mano, pero eso no detuvo sus embestidas profundas. Cada día, su adicción crecía: se ponía tangas transparentes solo para provocarlo, se arrodillaba bajo el escritorio para chupársela, y hasta se dejaba empotrar en el estacionamiento después del horario laboral. Su culo ya no era virgen, sino un agujero bien abierto que pedía polla las 24 horas. Las noches se volvían interminables, con ella montándolo como una amazona salvaje, cabalgando hasta que él se corría dentro de su coño caliente. Al tercer mes, ya no había vuelta atrás: se había convertido en una puta insaciable, dispuesta a follar en cualquier lugar, en cualquier momento, con tal de sentir esa polla enorme llenándola por completo.