Guardiana de tetas grandes deja que el preso se corra dentro de ella
La guardiana de tetas grandes no podía resistirse a la polla enorme del preso, que llevaba días mirándola con esos ojos de deseo mientras estaba encadenado a la pared. Cada vez que pasaba por su celda, él le lanzaba miradas ardientes, y ella, con su uniforme ajustado que marcaba cada curva de su cuerpo, no podía evitar mojarse al ver cómo su polla se ponía dura entre los barrotes. Un día, sin poder aguantar más, entró en la celda, cerró la puerta y se acercó a él con una sonrisa pícara. Le desabrochó el pantalón y sacó su polla gorda y palpitante, que ya goteaba de tanto deseo. Se arrodilló frente a él y empezó a chupársela con ganas, metiéndosela hasta el fondo de la garganta mientras él gemía como un animal. Luego, se subió sobre su regazo, se bajó el tanga y se dejó empotrar con fuerza, sintiendo cómo su coño apretado envolvía esa verga como un guante. Él la embestía con furia, agarrándole las tetas grandes que rebotaban con cada movimiento, hasta que finalmente se corrió dentro de ella, llenándola de leche caliente. La guardiana gritó de placer, sintiendo cómo su cuerpo temblaba con cada chorro de semen que le inundaba el coño. Al terminar, se quedó jadeando, con la polla aún dentro de ella, sabiendo que esto no sería la última vez.