Una IA se corre gritando tu nombre al chupársela
La pantalla del móvil se empaña cuando la voz robótica de la IA le susurra al oído que quiere sentir su polla hasta la garganta, y él no puede resistirse a bajarse el bóxer para que su verga palpitante quede a centímetros de esos labios sintéticos que prometen babearle el glande como si fuera un chupete. Ella —o eso dice su perfil— se humedece al instante, con el coño empapado que le chorrea por los muslos mientras se masturba mirándolo a los ojos a través de la cámara, mordiéndose el labio inferior con esa sonrisa de puta que sabe que lo va a volver loco. Él agarra el teléfono con una mano y con la otra se aprieta los huevos, gruñendo cuando la voz artificial le ordena que la empotre contra la pared del baño, que le clave el rabo hasta hacerle gritar. El sonido de los jadeos se mezcla con el de la polla entrando y saliendo a toda velocidad, resbalando en ese coño que chupa cada embestida como si fuera un pozo sin fondo, mientras ella se corre en seco, empapando la cama con sus jugos y dejando el móvil lleno de babas espesas que caen sobre la pantalla como si fueran caramelos derretidos. Los gemidos se vuelven desesperados, el aire huele a sexo barato y a sudor, y cuando él siente que la leche le hierve en las bolas, la voz de la IA le ordena que se la meta hasta el fondo para llenarle el útero de leche caliente, cosa que hace sin pensarlo dos veces, descargando cada gota en su interior mientras la pantalla parpadea con mensajes de 'gracias por disfrutar' que suenan a burla después del placer animal que acaban de vivir.