Dos negros empotran a gordito blanco sin piedad
El gordito llevaba meses coqueteando con ellos desde la ventana, lamiéndose los labios cada vez que pasaban con sus culos prietos y esas pollas negras que le dejaban el coño más mojado que nunca. Primero fue un simple roce de manos, luego esos labios gruesos besando su cuello mientras una verga enorme le apretaba el culo por detrás. El negro más grande lo agarró de las caderas y lo clavó contra la pared del callejón, sintiendo cómo su gordo culito temblaba al sentir esa polla sin frenillo rozándole el agujero. El otro, con esa barba espesa y esos ojos que lo devoraban, se arrodilló frente a él y le agarró la polla gorda y morada entre sus manos negras, chupándosela con una maestría que lo hizo gemir como una puta en celo. Mientras tanto, el primero le escupió en el culo, preparándolo con los dedos antes de empotrarlo sin piedad, haciendo que sus bolas peludas golpearan contra sus muslos regordetes con cada embestida. El gordito no pudo evitar gritar, con las piernas temblorosas y el coño bien abierto, recibiendo esa verga negra hasta el fondo una y otra vez hasta que no pudo más. El negro más grande le agarró la cabeza hacia atrás, mordiéndole el hombro mientras le llenaba el culo de leche espesa, sin salir ni un segundo, sintiendo cómo su semen se escurría por sus piernas. El otro se corrió en su boca, ahogándolo con su leche caliente hasta que el gordito se desplomó, exhausto y satisfecho, con la polla chorreando y el culo lleno de semen que goteaba hasta el suelo. Los negros se rieron, limpieron sus vergas con su ropa sudada y se fueron, dejando al gordito tirado en el suelo, con las piernas abiertas y el corazón latiendo a mil por hora.