Elisa Sánchez se deja empotrar por dos culos a la vez
Elisa llevaba horas con los muslos temblorosos y el coño chorreando solo de imaginarse que esa polla gorda y esa verga negra le iban a reventar el culo y la boca al mismo tiempo. En cuanto la agarraron entre los dos y la tumbó boca abajo sobre la cama, le arrancaron el tanga de un tirón dejando el culo más redondo y prieto al aire, brillando bajo la luz de la lámpara. El primero se le sentó encima de las nalgas abiertas, le escupió en el agujero bien apretado para que no le doliera tanto y se la clavó de una sola embestida que le arrancó un aullido de suelta mientras los tatuajes de su espalda se tensaban con cada gemido. El otro le agarró la cabeza con fuerza y le metió la polla hasta la garganta mientras le decía que se tragara bien su leche caliente, porque después le iba a llenar el culito de un buen cargamento. Elisa no paraba de gritar entre sollozos, con los labios bien pegados alrededor de esa verga que le llegaba hasta la campanilla, escupiendo babas por todos lados mientras le temblaban los pechos al ritmo de cada embestida profunda. El primero le agarró las caderas con las dos manos y se la empotró sin piedad, sintiendo cómo el culo le temblaba como gelatina cada vez que le clavaba hasta el fondo, mientras la polla del otro le resbalaba por la lengua y le llenaba la garganta de ese sabor salado que tanto le excitaba. Ella no podía más, el sudor le resbalaba por la frente y le caía en los ojos, pero seguía gimiendo como una perra en celo, con los muslos cubiertos de sus propios jugos que le escurrían por las piernas. Cuando los dos le dieron la orden de correrse, no necesitó que se lo dijeran dos veces: el primero le soltó la leche bien espesa en el culo mientras la llenaba hasta el tope, y el otro se descargó en su boca sin avisar, obligándola a tragársela toda mientras le apretaba la cabeza contra su pelvis para que no se le escapara ni gota. Elisa se quedó ahí, con la cara empapada en semen, el coño palpitando y el culo bien lleno, jadeando como si se hubiera partido en dos... pero sin quejarse ni un segundo.