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Madrastra caliente se deja comer por el masajista

10:20 720P 3 Exóticas
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Estúdio MyaMilf

La madrastra llegó a la casa con un short ceñido que le marcaba el culo prieto y una blusa transparente que dejaba ver sus tetas enormes y naturales, sin sujetador. El masajista, un moreno alto con la polla ya dura bajo el pantalón blanco, no pudo evitar que se le fuera la mirada al ver cómo sus pezones rosados se marcaban al moverse. Sin decir ni pío, ella se quitó la blusa de un tirón y se tiró boca abajo en la camilla, ofreciéndole el culo para que se lo masajeara bien fuerte. El tipo no necesitó más invitación: le bajó el short de un tirón y le dejó el coño peladito y bien mojado al aire, con los labios brillantes de excitación. Comenzó a sobarle el culo con las dos manos mientras ella gemía y se mordía el labio inferior, pidiendo más a gritos sin pronunciar palabra. En un segundo, el masajista se bajó el pantalón y sacó su verga gruesa y morada, que estaba a punto de reventarle los huevos de lo dura que la tenía. Sin preliminares, la empaló de un envite brutal por detrás, haciendo que ella chillara y se aferrara a los bordes de la camilla con los nudillos blancos. El sonido de los cuerpos chocando se mezclaba con los gemidos ahogados de la madrastra, que no paraba de repetir 'más duro, más fuerte, así, así' mientras él le clavaba la polla hasta el fondo una y otra vez. De pronto, el moreno le ordenó que se arrodillara en el suelo y se la chupara con esa boquita de puta que tenía, mientras le agarraba la cabeza para que no se moviera. Ella obedeció sin chistar, con la lengua enrollada alrededor de la punta y los ojos vidriosos de placer, tragando cada gota de saliva que le caía por la comisura de los labios. Mientras le hacía una mamada que parecía sacada de una película porno, el masajista no pudo aguantar más y le disparó un chorro grueso de leche caliente por toda la cara, cubriéndole los labios, la nariz y hasta los pechos, que se le mancharon de blanco espeso. Pero eso no fue todo: el tipo, lejos de parar, la levantó del suelo y la puso contra la pared, empotrándola contra los azulejos mientras le levantaba una pierna para embestirla con furia desde otro ángulo. Ella, con el coño ya inundado de leche y sudor, se corrió gritando su nombre, apretando las paredes del coño alrededor de su polla como si no quisiera soltarla nunca. Para rematar, el masajista le dio la vuelta y se la folló de rodillas, mirándola a los ojos mientras le llenaba el vientre de leche espesa, dejándola embarazada de tanto semen que le caía por las piernas. Cuando por fin se separaron, ella quedó tirada en el suelo, jadeante, con las tetas temblorosas y el coño chorreando, mientras él se limpiaba los restos de corrida de la cara con el dorso de la mano y sonreía satisfecho.

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