Mamadas al aire libre con mi exnovio y su polla enorme
Me enteré de que mi exnovio andaba presumiendo que yo no era capaz de aguantar su verga monstruosa, así que lo busqué en el parque para demostrarle de qué estoy hecha. Me puse un vestido corto que apenas cubría mi culo redondo y mis tetas rebotando, y cuando lo vi, me acerqué con una sonrisa pícara. '¿Te acuerdas de cómo me encantaba chuparte la polla?' le susurré, mientras me arrodillé frente a él sin perder tiempo. Su verga ya estaba dura, gorda y caliente, y la tomé con ambas manos antes de meterla entera en mi boca, sintiendo cómo me llenaba hasta el fondo. Él gemía como un animal mientras yo movía la cabeza hacia adelante y atrás, chupando con fuerza, sintiendo su sabor salado y el calor de su piel. '¿Te gusta, cabrón?' le pregunté, mirándolo con los ojos llenos de lujuria, antes de tragarla otra vez. Él no podía creer que lo estuviera humillando así, pero yo solo quería que recordara quién era la puta que lo dejaba satisfecho. Después de más de 10 minutos de mamada, me levanté y le dije: 'Ahora verás lo que hace una mujer de verdad con una polla como la tuya'. Lo empujé contra un árbol y me monté sobre él, sintiendo cómo su verga entraba en mi coño mojado, apretado y caliente. Cada embestida me hacía gemir más fuerte, y él no podía evitar agarrarme las tetas mientras yo cabalgaba como una loca, buscando mi orgasmo. Cuando por fin me corrí, grité tan fuerte que los pájaros salieron volando, y él se vino dentro de mí, llenándome hasta rebosar. Mientras me bajaba, lo miré con desprecio y pensé: 'Ahora sí que sabe que nunca fue suficiente para mí'.