Mi madrastra me hizo pagar por su error en el juego
Algo olía a tabaco y sudor en la habitación cuando me senté frente a la pantalla, recordando cómo mi madrastra había arruinado mi partida favorita con sus decisiones idiotas. La putita creyó que podía burlarse de mí, pero hoy le daría una lección que no olvidaría. Mis dedos temblaron al cargar el juego, imaginando cómo su cuerpo se retorcería bajo el mío. Sin avisar, la imagen de mi coño imaginario mojándose me excitó tanto que quise empotrarla desde atrás, arrancándole ese vestido corto que siempre usaba para provocarme. Sus gemidos virtuales sonaban como música mientras la penetraba una y otra vez, sintiendo cómo mi polla entraba hasta las pelotas mientras ella suplicaba más. El teclado crujía bajo mis manos, marcando cada embestida, cada grito ahogado mientras la follaba sin piedad contra la pared. Con cada empujón, imaginaba sus tetas rebotando, sus uñas clavándose en mi espalda, su boca mordiendo mi hombro para no gritar. El orgasmo llegó como un rayo, corriéndome sobre su espalda imaginaria mientras mi mente repetía lo puta que era. Ahora solo pienso en la próxima vez que pueda hacerlo realidad.