Psycho Harley da su verga hasta el fondo a Lara en animado
La rubia clásica Lara no podía creer que esa demonio de Harley le metiera la mano por el escote mientras le susurraba al oído que le iba a chupar esa verga palpitante hasta dejarla sin respiración. Con una sonrisa perversa la morena se la clavó en la boca sin piedad, empujando su cabeza contra los muslos hasta que Lara sintió que se ahogaba con ese tronco grueso que le reventaba los labios. Los gemidos de la rubia se ahogaban entre el sonido húmedo de los golpes de cadera de Harley, que no paraba de empotrarle la polla hasta el fondo de la garganta cada vez que Lara intentaba recuperar el aire. Entre arcadas y babas la clásica no tenía opción más que tragar como una puta desesperada, sintiendo cómo esa verga dura le llenaba la boca hasta tocarle la campanilla con cada embestida brutal. Harley le agarraba el pelo con fuerza, obligándola a mantener el ritmo mientras le escupía insultos sucios en la oreja: 'come esa verga como la perra que eres, zorra'. Lara, con los ojos llorosos y la saliva resbalando por el cuello, solo atinaba a mover la lengua alrededor del tronco palpitante, lamiendo cada vena hinchada mientras Harley le metía los dedos en el coño por detrás, frotando el clítoris hinchado hasta que la rubia no pudo más y se corrió con un chillido ahogado alrededor de esa polla que la tenía poseída. La morena, lejos de detenerse, le dio la vuelta a Lara boca abajo sobre el sofá, le arrancó el tanga de un tirón y sin aviso se la clavó hasta el fondo del culo, sintiendo cómo la rubia se contraía de dolor y placer al mismo tiempo mientras le mordía el hombro para no gritar. Las embestidas eran tan fuertes que el sofá crujía, el coño de Lara estaba empapado y goteaba sobre los cojines, y Harley no paraba de soltar obscenidades mientras le metía los dedos en la boca para que chupara su propia leche mezclada con los jugos de la morena. Cuando Lara ya no pudo aguantar más, se corrió otra vez con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo, dejando su coño bien mojado y tembloroso mientras Harley, con una sonrisa de satisfacción, le escupía un chorro de leche caliente en la cara y le ordenaba limpiar cada gota con la lengua.