Musculoso hunter vance empotra a max romano en vestuario
Hunter Vance llevaba días imaginando cómo sería hundir su verga bien gorda entre las nalgas prietas de Max Romano mientras sudaban juntos en el vestuario del gimnasio. Desde la primera mirada entre ellos, con las gotas de agua resbalando por sus cuerpos musculosos, supo que esa carne dura no aguantaría más excusas. Max, con el culo apretado y el pecho lleno de tatuajes que brillaban bajo la luz fría de los fluorescentes, no pudo resistirse cuando Hunter lo empujó contra los bancos de metal y le mordió el cuello mientras le apretaba la polla palpitante contra el culo. La primera embestida fue brutal, con los huevos de Hunter golpeando las nalgas de Max mientras el moreno gemía como una puta en celo, con la boca llena de babas y los dedos clavados en la madera del banco. Hunter no perdió tiempo en darle la vuelta, agarró a Max de las caderas y lo empaló de nuevo, esta vez con la verga enterrada hasta los cojones, mientras el otro le chupaba los pezones duros como piedras y le escupía en el culo para que el agujero se abriera como un coño bien mojado. Los tatuajes de Max se movían al ritmo de los empujones, su piel sudada brillaba mientras Hunter le susurraba al oído obscenidades, llamándolo puto caliente que necesitaba una verga bien dura dentro. Max, con los ojos vidriosos y el aliento entrecortado, se dejó caer de rodillas y se tragó toda la polla de Hunter hasta que la garganta le ardió, sintiendo cómo los huevos del moreno le golpeaban la barbilla mientras él se corría sin poder contenerse. Hunter lo levantó de un tirón, lo puso a cuatro patas sobre los bancos y le clavó la verga hasta el fondo, haciendo que Max aullara como un animal mientras el semen le brotaba a chorros por la garganta, manchando el suelo del vestuario con gotas espesas y blancas. Los dos cuerpos sudados se sacudieron al unísono, sus músculos tensos bajo el sudor frío, mientras Hunter le llenaba el culo a Max con chorros calientes que le quemaban por dentro, dejándolo temblando y con las piernas temblorosas como gelatina. Max se dejó caer contra el banco, jadeando con la polla todavía palpitando entre los dedos, mientras Hunter le lamía el sudor de la espalda y le susurraba que era el mejor polvo que había tenido en años, con un culo que se abría como un coño de película.