Padrastro tatuado deja a su hijastro bien satisfecho
Desde que el pequeño Danny llegó a casa, el padrastro no podía sacarse de la cabeza su culito prieto y esos muslos que se le marcaban bajo los pantalones ajustados. Cada vez que el chico se agachaba para recoger algo, su tatuaje de dragón parecía moverse con cada contracción de aquellos glúteos firmes, y la polla del hombre se ponía más dura que una piedra. Una tarde, mientras el hijastro se masturbaba en la ducha pensando en su amigo del gimnasio, el padrastro entró sin hacer ruido y lo encontró con la mano enredada en su verga adolescente, la piel enrojecida y los gemidos ahogados en el vapor del agua caliente. Sin decir ni una palabra, el hombre se quitó la camiseta para mostrarle su pecho cubierto de tinta, deslizó los dedos por el torso del chico y le susurró al oído que no tenía que hacer esto solito. Danny, con los ojos vidriosos por la excitación, no opuso resistencia cuando las manos grandes de su padrastro le rodearon la cintura y lo giraron contra la pared de azulejos fríos, sintiendo cómo su aliento se le escapaba en jadeos cortos al notar la polla gruesa y tatuada rozándole el culo por primera vez. El primer embiste fue lento pero profundo, hincando cada centímetro de carne palpitante dentro de aquel agujero prieto y virgen, arrancándole un grito ahogado al chico que resonó en el baño como un gemido de animal en celo. La verga del hombre no tardó en acelerar el ritmo, empotrando sin piedad cada vez que Danny intentaba gritar, con las nalgas temblorosas y el coño virgen—que nunca había sido usado—abriéndose como una flor bajo cada acometida brutal. El chico, entre sollozos y sudor, sintió cómo su padrastro le agarraba de los pelos para inclinarle la cabeza y obligarle a abrir la boca, donde descargó su leche espesa y caliente sin avisar, ahogándolo con cada chorro mientras le follaba la garganta con saña. Pero no contento con eso, el hombre lo sacó de la ducha con fuerza, lo tiró sobre la cama y se lo comió vivo: primero el coño virgen, lamiendo cada pliegue con lengua experta hasta dejarlo empapado de babas y jugos, luego la verga adolescente, chupando hasta hacer que Danny se corriera en su boca con un chorro blanco y espeso que le resbaló por la barbilla. Cuando el chico ya no podía más, el padrastro lo volteó boca abajo, le escupió en el culo y se lo empaló de una sola vez, clavando su verga hasta el fondo y haciendo que los huevos del muchacho se sacudieran con cada embestida que le dejaba sin aire. El final llegó cuando Danny, exhausto y con la cara contra el colchón, sintió cómo su padrastro se corría dentro sin protección, llenándole el coño virgen con leche caliente y espesa que se le escapaba por las piernas al levantarse, dejando un rastro blanco y pegajoso que brillaba bajo la luz tenue del dormitorio.