Princesa europea empalada por un culazo brutal
La morena de pelo largo y tetas perfectas ya venía con el coño chorreando solo de imaginarse que esa polla monstruosa le iba a reventar el culo. Él, con esa verga enorme que le colgaba hasta mitad del muslo, ni siquiera esperó a que se quitara el tanga negro, se lo arrancó de un tirón y le escupió en el culo bien prieto para que entrara más fácil. Ella gimió como puta en celo al sentir el glande abriéndole el ano a la primera embestida, pero no le importó el dolor porque sabía que después vendría el placer más bestia de su vida. Él la agarró de las caderas con esas manos grandes y brutales, la alzó como si no pesara nada y empezó a empotrarla con furia, haciendo que su culo redondo rebotara como gelatina cada vez que la polla se hundía hasta las bolas. Ella chillaba como una loca, con los gemidos ahogados entre sus propios gritos de '¡más fuerte, más hondo, métemela toda!' mientras escupía saliva por la boca al intentar tragarse hasta la mitad de esa verga que le llenaba la garganta. El culo le quedó abierto como un abismo, gimiendo cada vez que la sacaba para ver cómo el agujero le brillaba empapado en babas y jugos anales, y luego volvía a clavársela hasta que le temblaban las piernas. Cuando ya no pudo más, él la volteó boca arriba, le levantó las piernas hasta que le tocaron las tetas y siguió dándole duro, con los huevos golpeándole el coño cada vez que la embestía, hasta que ella se corrió con un espasmo que le arqueó la espalda y le dejó la boca abierta en un aullido de éxtasis. Él no aguantó ni un segundo más, sacó la polla de entre sus nalgas, le apuntó a la cara y le soltó el chorro blanco y espeso sobre sus tetas temblorosas, dejando marcas blancas que se mezclaban con el sudor y los flujos que ya le cubrían todo el cuerpo. El culo le quedó abierto como una boca hambrienta, goteando por todos lados mientras ella intentaba recuperar el aliento entre risas y maldiciones, sabiendo que esa follada le iba a durar semanas en la cabeza. Él, satisfecho y con la verga aún dura, le dio un cachetazo en el muslo a modo de despedida y se limpió los restos de corrida en su culo antes de marcharse, dejando a la princesa europea convertida en un amasijo de carne sudorosa y satisfecha.