Un conjunto negro nuevo para probar en la cama
Lleva puesto el sujetador de encaje negro que le marca cada curva y el tanga diminuto que apenas cubre su coño empapado mientras se ajusta el pelo en una coleta alta. La rubia de piel blanca se contonea frente al espejo, mordiéndose el labio inferior mientras sus dedos juguetean con el cierre de la prenda, preguntándose qué más le arrancará este outfit nuevo. Su compañera de piso, una morena de culo prieto y tetas grandes, no puede evitar soltar un silbido al verla, sus ojos brillando con lujuria mientras se acerca sin dudar. Le baja los tirantes del sujetador de un tirón, dejando al descubierto unos pezones rosados y duros que piden atención, y sin perder tiempo, se lanza a chuparlos con avidez mientras sus manos le aprietan los pechos con fuerza. La rubia suelta un gemido gutural, arqueando la espalda y clavando las uñas en el hombro de su amiga, sintiendo cómo el calor entre sus piernas se vuelve insoportable. La morena, con una sonrisa pícara, le baja el tanga hasta los tobillos y se agacha para lamerle el coño depilado, notando lo mojada que está con solo un lametón. La rubia jadea, agarrándole la cabeza con ambas manos y empujando su cara contra su entrepierna, rogando por más sin vergüenza alguna. La morena, obediente, introduce dos dedos dentro de ella mientras con la lengua sigue estimulando su clítoris hinchado, sintiendo cómo la rubia se corre con espasmos violentos y un chorro de fluidos que le resbala por los muslos. Pero no termina ahí: la morena se levanta, la empuja contra la cama y, sin darle tiempo a reaccionar, la empala contra el colchón con su polla gruesa, arrancándole un grito ahogado mientras sus tetas rebotan con cada embestida. La rubia, con los ojos vidriosos y la boca abierta, no para de gemir su nombre, sintiendo cómo la polla la llena por completo mientras el sudor les resbala a las dos por toda la piel. Cuando la morena siente que se va a correr, acelera el ritmo, embistiéndola con fuerza hasta que ambas se deshacen en un orgasmo simultáneo, jadeando y temblando mientras caen exhaustas sobre las sábanas arrugadas. El conjunto negro queda hecho trizas en el suelo, pero a ninguna le importa ya que sus cuerpos entrelazados aún laten con los restos del placer más intenso que han sentido en semanas.