Joyce reta a Pato a aguantar su ritmo de montada
Me encanta cuando un hombre cree que puede manejarme, pero hoy le voy a demostrar que mi cuerpo exige más de lo que cree. Desde que me subí encima de Pato, sentí cómo su polla gruesa entraba hasta las pelotas, y el muy cabrón no dejaba de sonreír como si fuera fácil. La aprieto con mis muslos, moviéndome como una yegua salvaje, y él intenta seguí el ritmo, pero cada vez que te la meto hasta el cuello del útero, sus gemidos se vuelven más desesperados. Mi coño mojado chasquea contra su piel, y el sonido de los golpes resuena en la habitación. Te la saco de golpe, la froto entre mis nalgas, y luego vuelvo a empalarme, sintiendo cómo cada centímetro de su verga me llena hasta hacerme temblar. Pato intenta cambiar de posición, pero lo empujo otra vez y le susurro: '¿En serio crees que puedes dominarme?'. Me agarra las caderas con fuerza, clavando los dedos, y la embiste con saña, pero yo ya estoy cerca del orgasmo, moviendo la cadera en círculos para apretar su polla como si fuera un tornillo. En más de 10 minutos de escena, el sudor nos pega la piel, y cuando finalmente me corro, el placer me recorre como un rayo, pero en mi mente solo pienso: 'Aún le falta para ganarme'.