La hermana de mi cuñado me deja empotrarla con mi verga de nerd en la casa de los papás
El olor a sudor y lencería barata llena el aire mientras Lia Tovar me mira con esos ojos de puta inocente que me vuelven loco. Sabía que si la tocaba en la sala de estar, alguien podía entrar en cualquier momento, pero no me importó. Mis manos bajaron por su espalda hasta agarrar ese culito pequeño y firme, apretándolo mientras ella gemía en mi oído. Mi polla ya estaba dura como roca, lista para romperle ese coño apretado que tanto había deseado. La recosté en el sofá, sus piernas abiertas, mostrando ese chochito rosado y mojado que brillaba bajo la luz tenue. Sin perder tiempo, metí dos dedos para abrirla, sintiendo cómo su calor me envolvía. Ella mordía su labio para no gritar, pero yo sabía que quería más. De una estocada, mi verga entró hasta el fondo, haciéndola arquearse con un gemido ahogado. La follé lento al principio, disfrutando cada contracción de su coño alrededor de mi polla, pero pronto perdí el control y empecé a embestirla fuerte, sintiendo cómo sus uñas se clavaban en mis hombros. Ella me rogaba que la llenara, que no me detuviera, y yo obedecí, moviéndome con fuerza hasta que su cuerpo temblaba y su jugo manchaba mis pelotas. Cuando me corrí, fue con un gruñido profundo, llenándola entera mientras ella apretaba las piernas para contener sus gritos. Al terminar, su coño seguía palpitando y mi leche goteaba por sus muslos, dejando una mancha blanca en el sofá donde la había cogido.