Masajista le ordeña los pechos y la esposa chupa coño
La masajista entró con su bata ajustada dejando ver unos pechos que se movían al compás de cada paso, mientras la esposa del cliente observaba con los muslos apretados y la respiración entrecortada. Sin perder tiempo, la profesional le ordenó al hombre que se quitara la toalla y se tirara bocabajo en la camilla, pero no tardó en cambiar de planes: quería sentir su piel contra la suya. Con las manos enjabonadas y resbaladizas, le masajeó la espalda con movimientos lentos y profundos hasta que él gimió de placer, pero eso fue solo el inicio. De pronto, la masajista se agachó y le pasó la lengua por el cuello antes de morderle el lóbulo de la oreja, susurrándole al oído que quería sentirlo duro contra sus tetas. El cliente no necesitó más incentivo: su verga se irguió al instante, palpitando con fuerza mientras la esposa, celosa pero excitada, se arrodilló frente a él y comenzó a lamerle los huevos con movimientos circulares, saboreando cada gota de sudor salado. La masajista, sin perder un segundo, le agarró la polla con fuerza y se la frotó contra sus pechos enormes, cubriéndolos de lubricante espeso que resbalaba por su piel caliente. La esposa, ya con la boca llena de carne masculina, no pudo resistirse y se tragó hasta la mitad, gimiendo cuando él le agarró la cabeza con ambas manos y empezó a embestirle la garganta con embestidas profundas que le hacían lagrimear los ojos. Entre gemidos ahogados y babas que le resbalaban por la barbilla, la masajista se incló hacia adelante y se llevó un pezón a la boca, chupando con tanta fuerza que la esposa soltó la verga para gritar de placer. El cliente, al borde del éxtasis, le agarró a la masajista por las caderas y la empaló contra la camilla, sintiendo cómo su coño peludo y mojado se ceñía alrededor de su miembro como un guante ajustado. La esposa, desesperada, se subió encima de ellos y se frotó el clítoris contra el culo de la masajista mientras esta le clavaba los dedos en las nalgas, ordeñándole la polla con movimientos frenéticos hasta que sintió el primer chorro de leche caliente salpicándole los pechos y la cara, seguido de otro que le cayó directo en la boca. Todos gritaron al unísono cuando el cliente se corrió dentro de la esposa, llenándole el coño de semen espeso mientras la masajista se lamía los labios con una sonrisa pícara y le susurraba que guardara fuerzas para la próxima ronda.