Olga cabaeva se empala el consolador en el culo
Olga siempre presumía de ese culazo respingón que le marcaban los jeans ajustados pero hoy se le notaba más mojada que nunca mientras se retorcía sobre la cama. Con los muslos temblorosos y los pezones duros como piedras, se clavó el consolador negro de silicona hasta el fondo sin piedad, gimiendo como una puta en celo. Cada embestida le llegaba hasta la garganta, haciéndole arquear la espalda y soltar gemidos guturales que resonaban en su habitación llena de peluches sucios. El lubricante le resbalaba por el coño depilado mientras se masturbaba con furia, imaginando que era una polla de verdad la que le abría el culo sin compasión. Los muslos le temblaban cuando el juguete le rozaba el punto G desde dentro, arrancándole chorros de fluidos que le empapaban las sábanas blancas. Se mordió el labio inferior hasta hacerlo sangrar cuando el consolador le llegó al fondo, sintiendo cómo el placer le subía por la columna como un latigazo eléctrico. Los gemidos se volvieron más agudos y entrecortados, mezclándose con los sonidos húmedos de su coño chorreante y los golpes sordos del juguete contra su culo palpitante. Cuando el orgasmo le sobrevino como un maremoto, se corrió tan fuerte que casi se desmaya, con el consolador aún enterrado en su culo mientras la leche le corría por las piernas como si fuera una fuente. Se quedó ahí, jadeando y sudorosa, con el cuerpo temblando y la mirada perdida mientras se limpiaba los fluidos con las sábanas arrugadas.