Trabajadora traga su propia meada en la oficina
La rubia de tetas grandes llegó temprano a la oficina con ese vestido ajustado que le marcaba el culo prieto, pero no imaginaba que su jefe trans la iba a encerrar en el baño de empleados para un jueguito sucio. Todo empezó cuando él le ordenó abrir bien esa boquita de fresa y le mostró su polla pequeña, aún más diminuta porque llevaba la jaula de castidad apretándola como si fuera un chisme de juguete. Ella, que siempre presumía de ser una zorra rebelde, no tuvo más remedio que agachar la cabeza y dejar que le metiera los dedos en la garganta mientras le susurraba al oído que tenía que probar su propia meada si quería salir de ahí con las bragas secas. Lo peor fue cuando él mismo se alivió en un vaso de plástico, le acercó el líquido amarillo y le ordenó que se lo tragara sin hacer caras, mientras ella gemía de asco y excitación porque sabía que si se negaba, él le arrancaría el tanga de red y la empotraría contra el lavabo hasta dejarla con el coño bien mojado. La pobre putita no aguantó más y, con lágrimas en los ojos, abrió esos labios carnosos y se tomó el trago espeso, sintiendo el sabor amargo resbalarle por la garganta mientras él le sobaba las tetas por encima de la blusa. Cuando terminó, el muy cabrón le escupió en la cara y le dijo que la próxima vez tendría que beberse hasta la última gota del inodoro, pero esta vez solo le dejó un hilito de meada resbalándole por la barbilla mientras ella se limpiaba con el dorso de la mano, avergonzada pero más caliente que nunca. El jefe trans se abrochó los pantalones y salió del baño dejando a la rubia jadeando, con las piernas temblorosas y el coño empapado, preguntándose si aguantaría otro round o si esta vez sí le haría tragar hasta el fondo del inodoro.