Chico joven me empotra sin parar en sitio público
El muchacho no pudo aguantar más miradas furtivas y me agarró contra la pared del callejón en cuanto doblé la esquina. Su polla ya estaba dura como una piedra y se frotaba contra mi culo mientras me susurraba al oído que me iba a dejar bien lleno. Sentí su aliento caliente en el cuello mientras me bajaba los pantalones de un tirón, dejando mi culo al aire para que me empotrara sin piedad. La primera embestida fue brutal, me clavó hasta el fondo y gemí fuerte sin poder evitarlo, con la boca abierta buscando aire. Sus manos me apretaban las caderas con fuerza mientras me embestía una y otra vez, haciendo que mi carne palpitara con cada golpe. El sonido de nuestros cuerpos chocando resonaba en el lugar solitario, mezclado con mis gritos de placer y sus gruñidos primitivos. Noté su semen caliente resbalando por mis nalgas cuando se corrió dentro, gruesas gotas resbalando hasta mis muslos. Se quedó quieto un momento, jadeando, antes de girarme y obligarme a arrodillarme para chuparle la polla aún dura, manchada de mis jugos. Me llenó la boca de leche espesa mientras me agarraba la cabeza con rudeza, sin dejarme escapar hasta que no quedó ni una gota. Al terminar, me miró con una sonrisa pícara y me dijo que la próxima vez me buscaría en sitios más íntimos, pero que este primer polvo público había sido solo el inicio.