El padrastro Ike Diezel domina a su hijastra Carmen Callaway
La polla de Ike Diezel era más gruesa de lo que Carmen imaginaba cuando él la atrapó contra la pared esa tarde. Mis muslos temblaron al sentir su mano subiéndome la falda sin avisar, y de repente ahí estaba, esa verga dura como el acero presionando mi culo virgen. '¿Nunca te han cogido así, verdad, mocosa?' me susurró al oído mientras su dedo medio ya entraba en mi coño mojado. El descubrimiento de que mi cuerpo reaccionaba como una furcia madura lo hizo reír, y antes de que pudiera protestar, me giró y me empujó contra el sofá, el cuero frío quemándome las tetitas. Cuando su lengua encontró mi clítoris, gemí tan fuerte que él gruñó: 'Esa boquita va a chupar lo que le dé, ¿entendido?'. El primer contacto de su polla en mi boca me hizo ahogarme - no había calculado el grosor - pero Ike no tuvo piedad, agarrándome del pelo y empujando hasta que mis lágrimas rodaron. 'Mi coño nunca estuvo tan lleno', pensé cuando al fin me penetró, su pelvis chocando contra mi culo de una estocada tan profunda que sentí que me reventaba. Cada vez que se retiraba, las paredes de mi vagina se ajustaban a él, como si mi cuerpo supiera que esto era solo el principio. Al correrse, su leche espesa me llenó hasta que goteó por mis muslos, pero él no había terminado. 'La próxima vez, te voy a hacer gritar mi nombre mientras te empotro contra la pared', me advirtió, limpiando con los dedos lo que resbalaba de mí. Y yo, siendo una hijastra obediente, ya estaba imaginando cómo sería sentir esa polla monstruosa abriéndome de nuevo.