Hermanastras ardientes me chupan la polla sin parar
El viaje en coche duró más de lo esperado y el calor entre ellas crecía sin control. La más pequeña, con sus tetas turgentes apretadas contra el vestido ajustado, no aguantó más y metió la mano bajo su falda para tocarse el coño empapado mientras me miraba con ojos de puta hambrienta. La mayor, fingiendo indiferencia, no pudo evitar que sus pezones se marcaran bajo la blusa al ver cómo su hermana menor bajaba la cabeza y empezaba a chuparme la polla por encima del pantalón, lamiendo la punta con la lengua juguetona. 'Llevo días soñando con esto', susurró con voz entrecortada mientras me desabrochaba el cinturón para sacarme la verga, gruesa y palpitante, que saltó libre dejando escapar un hilo de líquido preseminal. La hermana mayor no quiso quedarse atrás y se agachó para tomar mis huevos en su boca, mordisqueándolos con suavidad antes de subir para mordisquear el tronco como una perra en celo. 'Nosotras también tenemos fantasías sucias contigo', confesó la pequeña mientras se quitaba el tanga y se sentaba a horcajadas sobre mi regazo, empalándose con mi polla hasta que sus muslos temblaron al sentir cómo le llenaba el coño hasta el fondo. La hermana mayor, loca de celos y lujuria, se colocó detrás y empezó a lamerle el culo a su hermana mientras le metía los dedos en la boca, haciendo que ambos gemidos se mezclaran en un coro de putas desesperadas por correrse. 'Dame más, cabrón', gruñía la mayor mientras se frotaba contra mi pierna, con el coño chorreando y los pechos rebotando al ritmo de sus embestidas salvajes. La pequeña, ya sin aliento, se dejó caer hacia atrás sobre el asiento trasero del coche y abrió las piernas de par en par, pidiendo a gritos que la empotrara como una perra de verdad, sintiendo cada centímetro de mi polla hurgando en sus entrañas hasta que un chorro caliente de leche le inundó el útero, dejándola temblando y con los muslos llenos de babas blancas que resbalaban por sus piernas mojadas.