London Rose se entrega a sus fantasías con Tristan Summers
London Rose no podía dejar de pensar en Tristan Summers, imaginando cómo sería sentir su polla dura entre sus piernas mientras su marido dormía en la habitación de al lado. Cada noche, cuando él se iba al trabajo, ella se desnudaba frente al espejo, acariciando sus tetas grandes y su coño mojado, preguntándose si algún día se atrevería a cumplir sus fantasías más sucias. Un día, Tristan apareció en su puerta con una sonrisa pícara, y sin decir nada, la empujó contra la pared, metiendo su lengua en su boca mientras sus manos apretaban su culo firme. London gimió en silencio, mordiendo su labio para no hacer ruido, sintiendo cómo su polla gruesa se frotaba contra su ropa interior empapada. Tristan la llevó al sofá, le bajó las bragas de un tirón y enterró su cara entre sus piernas, chupando su clítoris hinchado mientras ella agarraba sus cabellos, temblando de placer. Con un movimiento rápido, Tristan la penetró de una estocada, llenándola entera mientras ella ahogaba sus gemidos en un cojín, escuchando con terror los pasos de su marido en el piso de arriba. Cada embestida la acercaba más al orgasmo, sintiendo cómo su polla golpeaba su cuello del útero, hasta que Tristan se corrió dentro de ella, llenándola de leche caliente. Cuando todo terminó, London vio una mancha húmeda en el sofá, prueba de su encuentro prohibido.