La empleada doméstica se deja follar por el dueño en la cocina
La empleada doméstica llevaba semanas coqueteando con el dueño de la casa, moviendo su culo perfecto cada vez que se agachaba a limpiar... Un día, él no pudo resistirse y la empujó contra la mesa de la cocina, arrancándole las bragas con los dientes mientras le mordía el cuello. Su coño ya estaba bien mojado, gimiendo fuerte cuando él le metió los dedos antes de clavarle su polla dura hasta el fondo. La empleada, con sus tetas naturales rebotando, se agarraba a la mesa mientras él la embestía con fuerza, sintiendo cómo su culo apretado lo apretaba cada vez que se corría dentro de ella. El dueño no aguantó más y le llenó el coño de leche caliente, dejando a la empleada jadeando y con las piernas temblorosas. Después, se quedaron mirándose, sabiendo que esto no iba a ser la última vez. La próxima vez, él prometió follársela en la cama, donde podría chuparle la polla hasta dejarla bien dura otra vez. La empleada, con su pelo corto y su cuerpo perfecto, ya estaba imaginando cómo sería montarlo mientras él le agarraba las tetas y le mordía los pezones. El dueño, con su polla enorme, sabía que esta puta no iba a dejar de gemir fuerte cada vez que la empotrara contra la pared. La próxima vez, la follaría en el baño, donde podría correrse en su boca mientras ella tragaba cada gota de su leche. La empleada, con su culo perfecto, ya estaba lista para ser la puta del dueño, dispuesta a hacer todo lo que él le pidiera. El dueño, con su polla dura, ya estaba imaginando todas las formas en que podría follársela, desde el misionero hasta el perrito, pasando por el 69. La empleada, con su coño mojado, ya estaba lista para ser la puta del dueño, dispuesta a hacer todo lo que él le pidiera. El dueño, con su polla dura, ya estaba imaginando todas las formas en que podría follársela, desde el misionero hasta el perrito, pasando por el 69.