Culitos redondos que piden a gritos ser follados
Esa vecina de culo parado y tetas firmes siempre se paseaba en tanga por el jardín, sabiendo que él la miraba desde la ventana. Un día, sin avisar, se coló en su casa con una sonrisa pícara y le susurró al oído que quería sentir su polla dura en su coño mojado. Él no perdió tiempo y la empujó contra la pared, levantándole la falda para descubrir sus nalgas perfectas. Sus dedos se hundieron en su carne caliente mientras ella gemía como una puta en celo, pidiendo más fuerte. La tiró al sofá y le arrancó el tanga con los dientes, dejando su concha expuesta y lista para ser penetrada. La embistió con fuerza, sintiendo cómo su polla entraba hasta el fondo mientras ella gritaba de placer. Cada empujón la hacía retorcerse, sus tetas saltaban con cada movimiento, y sus uñas se clavaban en su espalda. Cuando ya no pudo aguantar más, le dio la vuelta y la penetró por detrás, sintiendo cómo su culo apretaba su verga como un guante. Ella se corrió primero, gritando como una loca, y él la siguió, llenándola con su leche caliente. Quedaron tirados en el suelo, sudados y satisfechos, sabiendo que esto no sería la última vez.