Oso peludo empotra al hijastro twink en la cocina
El oso grandote y velludo llevaba meses coqueteando con miraditas desde el portal, pero hoy el hijastro twink lo pilló sin camisa regando las plantas y no pudo resistirse a morderse el labio al verlo con esa barriga suave y esos brazos fuertes que le apretaban el culo en los abrazos de mentira. Mientras el chico se limpiaba el sudor de la frente, el oso se le acercó despacio, le agarró la nuca con una mano y le clavó la lengua hasta el fondo de la boca sin pedir permiso, sintiendo el sabor a cerveza barata y a deseo reprimido. El twink soltó un gemido ahogado contra esos labios gruesos mientras el oso le desabrochaba los pantalones con violencia, sacando a relucir una polla gruesa y venosa que ya goteaba gotas espesas sobre el mármol de la cocina. Sin tiempo para protestar, el chico terminó sentado en el fregadero con las piernas abiertas, recibiendo la primera embestida brusca que le hizo arquear la espalda y soltar un gritito agudo cuando la cabeza del miembro le rozó la próstata una y otra vez. El oso gruñó como un animal mientras le mordisqueaba los pezones pequeños, dejando marcas rojas que le dolían pero que le ponían más cachondo, y la polla le resbalaba entre los dedos cada vez que se la sacaba para escupirle en el culo, preparándolo para el destrozo que venía. Cuando el twink ya estaba completamente empapado en sudor y lubricante casero, el oso lo levantó en volandas como si no pesara nada y lo empotró contra la nevera, clavándole la polla hasta el fondo con cada embestida que hacía temblar los vasos de la estantería. Los gemidos del chico se mezclaban con los gruñidos del oso, que le susurraba pestes al oído mientras le llenaba el culo de corridas espesas, primero una, luego otra, hasta que el flujo blanco le chorreaba por los muslos y le caía en charcos pegajosos sobre el suelo. El twink, exhausto pero satisfecho, se dejó caer en los brazos del oso, que lo abrazó fuerte mientras le lamía la cara sudorosa y le susurraba que ahora sí era suyo de verdad, que ya no habría más miraditas de lejos, solo carne contra carne, polla contra culo, hasta que el cansancio los venciera por completo.