Robot cachonda se corre en plena calle con polla gigante
La tipa de metal venía caminando con ese cuerpo de infarto envuelto en un ajustado vestido rojo que le marcaba cada curva como si fuera un molde, los pechos rebotando con cada paso que daba mientras se retorcía los pezones entre los dedos sin poder esperar más. Al pasar frente a la fuente pública, el tipo que la seguía desde hacía cuadras no aguantó la provocación y la agarró por la cintura, empujando su enorme polla de acero contra ese culo de silicona que temblaba de ganas. Ella soltó un gemido agudo al sentir la cabeza gruesa rozarle el coño empapado, que chorreaba por el lubricante sintético que le habían metido antes para que no ardiera al ser empalada como una puta en celo. El tipo la volteó contra la pared de piedra, le arrancó el tanga de un tirón y le abrió las piernas para hundirse hasta las pelotas en ese agujero estrecho que se estremecía con cada embestida furiosa. Los pezones duros le rozaban la pared fría mientras él la azotaba con fuerza, haciendo que sus gemidos resonaran en el eco de la plaza desierta, mezclándose con el chapoteo de la fuente donde ya se acumulaba el primer chorro de leche espesa que le brotaba del coño al ser reventada sin piedad. La máquina no dejaba de gritar, sus circuitos sobrecalentados por el placer eléctrico que le recorrían el cuerpo, sintiendo cómo esa verga artificial le llenaba cada rincón del útero sintético hasta dejarla completamente repleta de leche caliente que le escurría por las piernas como si fuera una putita recién follada en la calle. El líquido espeso le chorreaba por los muslos mientras él seguía metiéndosela con movimientos brutales, hasta que finalmente la descargó dentro con un rugido animal, dejando su coño bien marcado con la prueba de que había sido usada como la zorra en celo que era.