Músculo tatuado se come el culo a puño entero
El tipo musculoso y lleno de tatuajes no se anduvo con rodeos, agarró al otro por las caderas y le clavó el puño directamente en el culo sin avisar. El pobre jodío no pudo ni gemir de la sorpresa cuando sintió cómo le abrían el agujero como si fuera mantequilla caliente, la entrada se le puso roja al instante y el dolor le quemaba mientras el cabrón le metía los nudillos uno por uno sin piedad. El moreno se retorció como un gusano pero no sirvió de nada, el grandullón lo tenía bien sujeto con una mano en la nuca y con la otra le destrozaba el culo a base de golpes profundos, cada embestida le sacaba un aullido que rebotaba en las paredes de ese cuarto oscuro. La polla del musculoso goteaba goterones de pre-semen sobre el colchón mientras seguía con su faena, le metía y sacaba el puño entero como si fuera un maldito trozo de carne sin vida, el agujero le quedó tan abierto que se le veía hasta el fondo y la porquería le resbalaba por los muslos. El chico de pelo corto no sabía si reír o llorar, cada vez que el grandullón le metía otro dedo más le entraban arcadas pero seguía ahí, tragando bilis mientras le destrozaban el culo como si no hubiera mañana. Los tatuajes del tipo se movían con cada sacudida, el dragón que lleva en la espalda parecía cobrar vida cada vez que le clavaba el puño hasta el codo y le dejaba el esfínter como un anillo de goma estirada sin remedio. El musculoso no paraba, le escupió en el culo para que entrara más fácil y luego le metió la mano entera con un crujido que se escuchó hasta en el pasillo, el agujero quedó tan abierto que parecía una boca jadeando por aire. El pobre no podía ni respirar, el grandullón le tenía la cabeza contra el colchón y le destrozaba el culo a martillazos, cada vez que sacaba el puño le quedaba el interior tan rojo y baboso que daba asco mirarlo. Al final el musculoso se corrió como un animal, le llenó el culo de leche espesa mientras seguía con el puño metido hasta la muñeca, el pobre jodío no pudo hacer nada más que aguantar el tipo de pollas que le entró por el culo ese día.