Macho alfa empotra fuerte a su puto guapo con obsesión
Joe Bonez llega al set con esa actitud de macho dominante que solo los más viciosos pueden resistir, y Riley Jean ya lo esperaba con las piernas abiertas sobre el colchón aceitado. El chico, con su cuerpo esculpido y esa mirada de perro en celo, no tardó en agarrarle la polla gruesa y empezar a pajearlo con saliva y manos sudorosas mientras le lamía los huevos con desesperación. Joe no pudo aguantarse y lo empujó de espaldas, clavándole la verga hasta el fondo del culo sin piedad mientras los gemidos de Riley resonaban en el estudio como música dulce. El lubricante resbalaba entre sus cuerpos sudados, haciendo que cada embestida sonara como un chapoteo obsceno mientras él le gritaba '¡más fuerte, cabrón!' y le mordisqueaba el cuello sin control. Riley, con los pies descalzos y los dedos enredados en las sábanas, no pudo evitar que se le escapara un chorro de babas al sentir cómo Joe le lamía los talones y le chupaba cada dedo con una obsesión enfermiza, como si su piel fuera sagrada. Entre jadeos, Joe le escupió en el arco del pie y se lo llevó a la boca, lamiéndole la planta con grosería mientras le decía que era su puto juguete favorito. Riley, medio mareado de placer, se dejó hacer, sintiendo cómo la polla de Joe le abría el culo una y otra vez mientras le lamía el sobaco sudado, oliendo a testosterona y sexo crudo. Los ruidos de carne chocando, gemidos guturales y el olor a sexo inundaban el ambiente cuando Joe, al borde del clímax, le ordenó que se arrodillara y le chupara los dedos de los pies mientras se corría en su boca caliente, dejando hilos blancos en su lengua rosada. Riley tragó todo sin protestar, con los ojos vidriosos de satisfacción, mientras Joe le limpiaba la comisura de los labios con el pulgar antes de darle una última palmada en el culo y ordenarle que se quedara quieto para otra ronda.